Las Siete Palabras: La Pasión de la Real - ( por Perkain )
Al cambiarme la firma de mis mensajes, con una mención a la Biblia dedicada a Sánchez Arminio, me he acordado de cómo en mi niñez iba a ver la Pasión viviente de la iglesia de Santa María, y el cura hablaba de eso que se llama “Las Siete Palabras”.
Las siete palabras, en la liturgia cristiana son las siete frases que, según el Evangelio, dijo Jesús de Nazaret al ser crucificado.
Ciertamente, hay paralelismos entre la Pasión de Cristo y la Pasión de la Real. Así que, poneos de rodillas, en pose de fe, oración y meditación, sí, esa misma postura que pusisteis cuando Savio iba a lanzar el penalti contra el Racing y leed:
PRIMERA PALABRA:
El realista asiste afligido y consternado al espectáculo sacrílego que le ofrecen directivos, entrenadores y jugadores, jornada tras jornada, semana tras semana, mes tras mes. Es una larga Pasión, algo que causa un sufrimiento inenarrable, un padecer horrible, ... y culmina en la crucifixión: el cruel descenso a Segunda División. Pero aun así, el realista es compasivo, ama a su prójimo, y perdona a los que le están causando este pavoroso dolor. Se apiada de ellos y dice:
«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).
SEGUNDA PALABRA:
Según el evangelio, esta segunda palabra es dirigida por Jesús a su madre, María, cuando le confió a ella el cuidado de Juan. En la Pasión realista, también se dirige esta frase a una mujer llamada María, y que al igual que la del evangelio, es colega del Arcángel Gabriel (aunque la comparación es injusta con MdlP: nuestra Maria solo fue colega del arcángel a nivel de intereses coyunturales... porque la del evangelio... fue mucho, muchísimo, más allá que nuestra Maria realista, como se puede constatar en el episodio de la Anunciación, que solo se la creyó san José). Decía que se le dio encomendó el cuidado de la congregación realista a María:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo», y a la familia realista se le dijo: «ahí tienes a tu madre» (Juan 19,26 s.).
TERCERA PALABRA:
La verdad es que la relacion madre-hijo iba como que no. En esto que aparece Badiola, radiante cual espiritu, con un mensaje salvífico: se arma la de Dios es Cristo. En medio del fragor, algunos lo demonizan, otros lo toman como el salvador. Badiola sale triunfante, y, como Cristo al ladron bueno, le dice al realismo, señalando el 15 de junio en el calendario:
«En verdad en verdad te digo que hoy, estarás conmigo en el paraíso» (Lucas:23 23,43).
CUARTA PALABRA:
La crucifixión sigue adelante, el sufrimiento es horroroso, la congregación realista está perdiendo la fe en el paraíso,... y para mas INRI, el juez supremo (Sánchez arminio) parece que nos ha abandonado a nuestra suerte. Hay un sentimiento de profunda soledad, que produce un estremecedor grito, dirigido al juez supremo:
“Eli, Eli, lama sabachtani” = «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46; Mt 15,34).
QUINTA PALABRA:
El desenlace se aproxima. Es inevitable. El extremo padecer se confunde con un deseo de culminación. La ansiedad y el sufrimiento empieza a entumecer los cuerpos. La función fisiologica empieza a flaquear. Liquido, falta liquido: algunos tienen la boca insoportablemente reseca; otros simplemente quieren privar para olvidar.
«Tengo sed» (Jn 19,28).
Esperemos que no sea como en el evangelio, que tras decir esto, vino un mamonazo y le dio vinagre para beber. Bueno, bien pensado, eso ya pasa en mas de un bareto.
SEXTA PALABRA:
Los partidos se suceden uno tras otro. La Pasión va a finalizar. El realismo sufre las ultimas lesiones que zahieren el cuerpo malherido: se rompen extremidades (Prieto), y se recibe una lanzada en el costado (bueno, la verdad es que solo ha sido un fantazo a Lillo). Finalmente, las jornadas se han acabado, cada equipo suma lo que suma, y cada cual está donde está en la clasificación. Los realistas acaban de padecer:
«Todo está cumplido» (lo 19,30).
SÉPTIMA PALABRA:
¿Y ahora qué?. ¿Qué hay mas allá? La congregación realista confia en Badiola para que guíe el rumbo en los avatares que le depara el futuro. Tiene promesas de salvación, de expulsar a todos los angeles caidos, de unas vias de felicidad provenientes del Extremo Paraíso: hay que creer en el o no creer, es cuestión de fe, y de considerar que de Él depende la supervivencia del club, materialmente, y con ella, el espíritu txuriurdin: resurrección y vida eterna.
«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, mi alma y cuerpo» (Le 23,46).

