Precisamente, el Sporting
Leo las quejas desde Gijón por la presencia de Iñaki Badiola en el palco del Ramón de Carranza y se me agolpan las imágenes de El Molinón aquel mes de abril de 1981. Una tarde gloriosa para la Real con el gol in extremis del majestuoso Zamora segundos antes de que Enríquez Negreira pitara el final del partido, al borde del segundo revés para una institución ejemplar que deleitaba por todos los campos con su fútbol de cantera.
Muchas son las imágenes tanto del éxtasis txuri urdin como de la desesperación casi depresiva de los asturianos. Uno con las manos en la cabeza, otro mirando al cielo y el melenudo Mesa, clavando sus rodillas en el suelo. ¿Saben por qué? Sencillamente porque el Sporting había vendido su alma al diablo por un puñado de monedas. Fue triste la escena en el fondo y en las formas. Exhibieron desolación en sus formas pero más triste era el fondo: habían vendido a un club poderoso la esencia de dos entidades similares como la del Sporting y la de la Real Sociedad. Dos instituciones de similar idiosincrasia podían salir reforzadas de aquel éxito txuri urdin; pero el grupo asturiano se decantó por el dinero.
Qué es peor?, ¿tratar de comprar o venderse?. Eso en el caso de que alguien haya querido comprar. A día de hoy, nadie ha demostrado que el máximo responsable de la Real haya ofrecido nada a nadie. Lo que sí es cierto es que aquel Sporting del 81 se dejó las pestañas por ganar a la Real y embolsarse el maletín ofrecido. El madridista Juanito y aquellos jugadores del Sporting se dieron de bruces con la realidad. Ahora puede pasar lo mismo. Precisamente, el Sporting. Me ataca la risa floja

