Gran salto en una jornada redonda
San Sebastián. DV.
Cómo cambia el fútbol de una semana a otra. Hace siete días, la Real se complicaba el ascenso tras un empate en Cádiz que le alejaba a cuatro puntos de sus dos rivales directos, la mayor distancia en meses. Ayer por la tarde, tras concluir una jornada redonda para sus intereses, la situación había dado un vuelco espectacular. La Real, colocada a un punto del Málaga, aparece hoy como uno de los grandes favoritos para lograr el objetivo a final de temporada. El otro candidato sería el Sporting, mientras que el Málaga puede convertirse en el gran damnificado después de llevar desde la primera jornada en puestos de ascenso. No sería la primera vez que ocurre algo similar.
Teniendo en cuenta que el fútbol es un estado de ánimo, seguro que muchos realistas comenzaron a saborear ayer las mieles del ascenso después de ver la debacle del Málaga ante el Hércules (4-6), o de enterarse del resultado al llegar a casa. Otros, los aficionados fríos que huyen de la euforia, recordarían que la Real aún no ha hecho lo más importante: superar a uno de sus rivales y mantenerse por encima hasta el final de Liga. Pero seguro que incluso los más precavidos sintieron que el objetivo empieza a estar al alcance de la mano.
Esa sensación se fundamenta en algo más objetivo que los deseos de los aficionados de ver a su equipo de nuevo en Primera. Está basada en el poso de autoridad que deja la Real de Lillo después de cada partido, incluso cuando no es capaz de ganar, como en Cádiz. La Real cuenta con la mejor plantilla de los tres equipos inmersos en la lucha por el ascenso, pero además lo está demostrado con resultados, lo que ejerce una presión sobre sus rivales muy difícil de soportar en el tiempo. Por ello, no es extraño que tanto Málaga como Sporting acaben tropezando ante el acoso de la Real.
Esta jornada ha sido el mejor ejemplo de ello. La Real tuvo que pelear mucho para imponerse al Granada 74 (evidentemente, a estas alturas ningún partido se gana fácil), pero lo consiguió, y esos tres puntos le permitieron recortar dos al Sporting, que se vio impotente para batir al Salamanca (0-0), mientras los goles de la Real caían como losas en el marcador electrónico de El Molinón. Ayer esa presión era aún mayor para el Málaga, que jugaba en casa sintiendo el aliento de la Real. La tarde empezó bien para los malagueños, que se adelantaron con dos goles ante el Hércules y llegaron con 3-1 al descanso, pero lo ocurrido en la segunda mitad, con cinco goles encajados, es uno de esos batacazos que representan más que una derrota y que pueden tener efectos impredecibles en un equipo que ya venía dando muestras de agotamiento.
Llegados al tramo decisivo de la temporada, la Real está en una situación idónea para asestar un nuevo golpe que puede resultar definitivo. En la situación actual del Málaga, sacarle ahora de los puestos de ascenso (la Real tiene mejor gol-average) podría ser la puntilla para un equipo que está viviendo de las rentas de un gran inicio de campaña, con siete victorias seguidas. Todo ello, sin renunciar a coger al Sporting, aunque los asturianos son hoy un conjunto más fiable.
Guerra psicológica
El mayor motivo para la esperanza de los realistas es que su equipo lidera ahora mismo la guerra psicológica ante sus rivales, que ven cómo un rival con mayor potencial ha metido la directa para alcanzarles y superarles. La situación de la Real no es idílica porque está obligada a no fallar en los cuatro partidos que quedan, pero al mismo tiempo tiene la convicción de que un pleno de victorias le reportaría el ascenso. Llega desde atrás sin nada que perder, por lo que la mayor presión es para quienes tienen que defender lo conseguido hasta el momento.
La semana pasada la Real necesitaba dos fallos de sus rivales. Ésta ya le basta con uno.

