Un gol que puede valer un ascenso

mikel recalde / NDG
tenerife. La situación era agónica. La Real estaba completando un partido lamentable y, a falta de un cuarto de hora, no ofrecía el más mínimo indicio de que pudiera lograr un triunfo obligado si quería seguir aspirando al ascenso. Pero el balón llegó a Gari Uranga, que decidió meterlo en el área. Ayudada con el viento en contra, la pelota quedó frenada justo a las espaldas de los centrales, donde apareció Víctor, que justo entraba en ese momento al campo. Era la hora de la verdad, el momento en el que delantero balear debía demostrar los motivos por los que la Real había apostado tan fuerte por su fichaje. Y no falló. Cuando se disponía a rematar, fue derribado en un claro penalti por Culebras, pero en plena caída, impulsado por el agarrón del rival, logró meter el pie. El balón voló y voló, fueron décimas de segundo eternas, que encogieron el corazón de una afición que ya no puede soportar más fatalidades, y lentamente se posó en la red. Parafraseando a Alberto Bacigalupe, el narrador en Televisión Española del famoso tanto de Zamora, "un gol que puede equivaler a un ascenso" (él dijo a un título).
Desconocemos las dianas que logrará la Real en los tres partidos que le quedan para finalizar la Liga, pero parece complicado que se recuerden más que la anotada por Víctor ayer en el Heliodoro Rodríguez López.
Por algo se les llaman las islas afortunadas, porque, por fin, casi por primera vez en lo que llevamos de temporada, a la Real se le apareció la famosa suerte de los campeones, ésa que tantas veces hemos maldecido al oírla como excusa cuando rivales grandes se habían impuesto a los blanquiazules injustamente.
La prueba que superó la Real ayer fue terrible. El Tenerife le dio un repaso. El equipo canario jugó un partido extraordinario, con un fútbol de muchos quilates y una actitud encomiable, impropia de un conjunto que ya no se juega nada.
Se trata, sin duda, de una plantilla profesional, con buenos jugadores y que, probablemente estaría primada. Y ya está, no hay que darle más vueltas ni lloriquear como cobardes y perdedores (¿oído Gijón y Málaga?). El fútbol está hecho así y no hay que darle más vueltas. La Real sólo debe pensar en que si gana lo suyo, subirá a Primera División. Aunque intenten pagarles las vacaciones al Salamanca, Alavés y Córdoba.
Al equipo realista le volvieron a temblar las piernas en la hora h. Y eso que, una vez más, todo se le puso de cara con el tanto de Martí a los cuatro minutos, después de recorrerse medio campo y batir a Navas con un sutil golpeo.
El Tenerife no acusó el madrugador golpe. Oltrá acertó al poblar el centro del campo con otro jugador en lugar de actuar con dos puntas. Longás se adueñó del balón, e Iriome y Marc Bertrán encontraron una autopista por la banda derecha, donde Castillo sufrió la peor tarde que se le recuerda.
A la Real no le duraba la posesión ni diez segundos y el Tenerife crecía con el balón, consciente de que le estaba dando un baile a los donostiarras. El empate no tardó en llegar, en una jugada defendida con poquísima intensidad. El encuentro fue un calvario hasta el descanso, pese a que los de Lillo jugaban con viento huracanado a favor. El Tenerife siempre ofrecía la sensación de ser superior y de que iba a marcar el segundo.
el tenerife presionó mucho En la reanudación no cambió en exceso el panorama. A los cinco minutos, Aranburu leyó inteligentemente una diagonal de Díaz de Cerio, pero éste no pudo precisar el remate. El Tenerife siguió a lo suyo, asfixiando a los realistas, recuperando el balón con extrema facilidad y entrando por la banda derecha, donde Iriome parecía Cristiano Ronaldo.
En esta ocasión a Lillo le costó mover pieza, ya que parecía que las bandas sobraban y el equipo pedía a gritos reforzar con más elementos el centro del campo. La suerte le echó una mano a los realistas, en dos disparos en posiciones inmejorables de Marc y Óscar López, y Asier Riesgo y Mikel González sostuvieron al equipo a la espera de que el destino le devolviera lo que tanto le ha quitado esta misma temporada.
Víctor obró el milagro con un gol inolvidable. La Real regresa a los puestos de ascenso y otea el horizonte en busca del ansiado ascenso. Juanma Lillo, subido al mástil, parece vislumbrar algo a los lejos. Es la Primera División, que hoy se encuentra un poco más cerca.

