Una desgracia imposible de superar
mikel recalde
vitoria. ¿Qué ha hecho la Real para merecer esto? ¿Cómo es posible que el destino no se canse de prepararle las trampas más crueles en los momentos trascendentales? Tal y como sucedió en la penúltima jornada de la pasada campaña, la fatalidad se cebó con ella en el último suspiro. En aquella ocasión, el drama fue un penalti errado por Savio ante el Racing de Santander, que, por cierto, no hubiera valido para nada de haberlo anotado vistos los resultados que se dieron en otros campos. Si algún aficionado realista pensó aquel día que era imposible superar tanta crueldad, no sabía la que le esperaba al doblar la esquina, después de soportar un año insufrible en el pozo de la Segunda División. Tras un partido bastante mal jugado por la Real, que nunca fue mejor que el Alavés, los de Lillo alcanzaron el minuto 90 con un 1-2 que les encaramaba al segundo puesto y con un pie en Primera División.
Los más horroroso de todo es que, insisto, pese a ser inferior a su rival, había dispuesto de una ocasión inmejorable de Víctor en el minuto 83 para sentenciar el duelo pero, en lugar de regatearle cuando Bernardo estaba casi en el suelo, estrelló su disparo en su cuerpo. Corría el minuto 90, y el equipo realista volvió a defender blandito la jugada, permitiendo demasiados pases de los alavesistas. Martí aparcó su habitual contundencia para permitir un centro de Del Moral que Jairo cabeceó a la red.
El tanto fue un torpedo a la línea de flotación del cuadro realista. La situación con la que los blanquiazules se presentaron en Vitoria era tan crítica que, aunque la carambola iba tomando visos de realidad, en todo momento pendió de un hilo demasiado fino. Y se rompió. Y destrozó todos los corazones txuri-urdin. Por si no había sido suficiente, en el minuto 94, tras otra acción en la que los realistas concedieron 10.000 pases cerca del área, Toni Del Moral enganchó una volea que superó la estirada de Riesgo. Tras el tanto, se produjo una invasión de campo por parte de los aficionados locales, en una circunstancia más propia de una república bananera que de la capital de Euskadi, y Teixeira Vitienes, ni corto ni perezoso, cortó por lo sano y decretó el final del encuentro (una vergüenza). Seguro que muchos seguidores realistas asistieron por la tele a aquella remontada del Manchester contra el Bayern, rezando porque jamás le ocurriese algo similar a la Real, pero este equipo es el nuevo pupas y se ha convertido en un saco de encajar golpes.
Pero que lo sepa todo el mundo. Ayer, en Vitoria, comenzó la reconquista. La Real va a volver a ser la que un día fue. Porque, con el ascenso más que complicado a falta de dos jornadas, más de 5.000 seguidores poblaron las gradas de Mendirroza y dieron un ejemplo de civismo y de amor a los colores. Con todo el respeto para el Alavés, al que ayer su afición le dejó tirado en un día clave de su historia, la Real no llegará jamás a una situación como la suya. Porque su sitio está entre los grandes, sobre todo por todo lo que arrastra y por lo que hace sentir a su gente, aunque le cueste la salud. Igual le tendrán que esperar otro año más, pero tranquilos, que volverá. Y lo hará más entera que nunca, porque en una categoría tan asquerosa, un club con tantos valores como el realista refuerza el culto y la devoción por sus colores.
floja real La Real no estuvo a la altura de su parroquia. Lillo volvió a apostar por el equipo que jugó tan mal en Tenerife y éste, como era de esperar, cometió los mismos errores. El equipo realista estuvo mal colocado, con las líneas separadísimas, defendiendo en inferioridad en todo momento y gestionando de manera lamentable el balón. Una vez más, no supo administrar el madrugador tanto que logró su pichichi Díaz de Cerio, tras un robo para enseñar en las escuelas de fútbol de Martí. Cuando se recuperó del golpe, con mucha voluntad y poco talento, el Alavés dominó más y dispuso de tres buenas ocasiones para empatar. Las más claras un larguero de Adrían y una buena parada de Riesgo a Del Moral.
En la reanudación, el equipo realista necesitaba templar los nervios y adueñarse del partido, pero a los tres minutos ya había encajado el empate, en una jugada mal defendida por Labaka. Cuando más empujaba el Alavés, llegó una contra de libro que culminó Delibasic tras una asistencia perfecta de De Cerio. Había que dejarse la vida para sellar a cal y canto la portería en los últimos veinte minutos del partido. Pero, entre las concesiones de la defensa, lo poco que ayudaron los cambios de Lillo (¿qué hacían jugando con tres delanteros con el 1-2?) y la mala suerte, la Real se dejó el ascenso en un maldito descuento que jamás olvidará la afición realista.
Todavía existe una mínima posibilidad para subir, pero es difícil confiar en el enésimo tropiezo del Málaga, sobre todo cuando la Real está abandonada por la diosa fortuna. Pero su afición jamás le dejará sola.

