La Juerga del Campo de Fiori (por I.I.)

DV-Iñaki Izquierdo

Si Lillo teme un cerrojazo del Granada 74 es porque no conoce el Campo de' Fiori, una plaza romana con gran tradición deportiva. Caravaggio liquidó allí mismo a su adversario tras ser derrotado en un partido de tenis. También solían celebrarse ejecuciones. La estatua de Giordano Bruno preside hoy la plaza: en 1660 ardió en la hoguera por sostener que la tierra gira alrededor del sol.
Pero esas son tradiciones del pasado. Hoy, el deporte autóctono del Campo de' Fiori es el partido de fútbol improvisado las madrugadas del sábado. Quienes han asistido a alguna de esas juergas aseguran que el hecho de que sea una de las pocas plazas romanas sin iglesia ni obelisco ayuda al desarrollo del juego.
No hay reglas. Sólo la mirada pétrea de Giordano Bruno desde las alturas vigila el partido. Bueno, también los antidisturbios. Lo cuenta Enric González en una de sus magníficas Historias del calcio. Al parecer, todo comienza cuando cierran las tabernas, otra tradición sólida de la plaza: son herederas de las que en pleno Renacimiento gestionaba la cortesana Vannoza Catanei, amante del Papa Alejandro VI.
El caso es que cuando alguien lanza el balón a la plaza suele empezar una especie de partidillo sin reglas, ni equipos, ni nada. En el corto tiempo que pasa hasta que los antidisturbios pitan el final del partido se resumiría la esencia del fútbol italiano, según explica Enric González: «Lo fascinante de esta ceremonia etílica y deportiva consiste en que siempre hay alguno que se queda atrás, a defender, con toda la atención puesta en cortar cualquier posible contraataque. Portería no hay, marcador tampoco, la juerga dura pocos minutos y el principal objetivo, se supone, consiste en abrirse paso entre la multitud y tocar el balón al menos una vez. Pero la defensa está ahí».
Fuera de Italia, no se ha desarrollado una sensibilidad tan refinada respecto al juego, y el cerrojazo tiene mala prensa. Eso no le preocupa a la Real, que no practica el catenaccio. Lo que le preocupa es la otra cara de la misma moneda: las consecuencias devastadoras que el repliegue total del adversario causa al equipo que lleva la iniciativa, en este caso, la Real.
En las tribunas de los estadios italianos, acostumbrados como están los tifosi a que el fútbol sea una larga sucesión de la nada más absoluta salpicada por contados momentos estelares, esto no resulta un problema. Nadie se impacienta por un pase horizontal, una cesión al portero o porque, directamente, no suceda nada. En Anoeta sí. Es una diferencia cultural, pero hoy la Real quizá necesite que su gente tenga paciencia. Puede ser decisivo.
17/05/2008 15:27. Autor: txitxo666. #. Tema: Opinión.

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